Mollepata con mucha historia

Es un pequeño pueblo andino, en Santiago de Chuco, rodeado de bosques de eucaliptos y amarillentas chacras de cereales, tubérculos, y un reluciente cielo que completa su atractivo paisaje. A ello se suma su riqueza histórica, folclore, costumbres, leyendas y tradiciones, que celosamente guardan sus pobladores.
Estos días la gente está en plenos preparativos de su fiesta patronal en homenaje a San Jerónimo que todos los años celebran a todo dar, la última semana de setiembre.
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Una de las antiguas tallas de madera que todavía se conservan en la iglesia.



Esta oportunidad aprovechan los mollepatinos que residen en otras ciudades del país y del extranjero para retornar a su terruño para recordar viejas anécdotas, junto a sus familiares.
El frío de las noches se mata con el “gro” (trago compuesto tradicional), seguido del canto y el baile hasta el amanecer, entre el resplandor de los fuegos artificiales, y para reponer las energías está la abundante comida típica, que comparten con los visitantes. Por el hospedaje no hay que preocuparse la gente es muy acogedora.
En los caseríos aledaños destaca su cerámica, los vistosos y coloridos tejidos, elaborados en telares artesanales.
En la plaza de Mollepata resalta una estatua en homenaje al alfarero, tallada en calicanto por el escultor Héctor Antonio Sánchez Delgado, en 1981. De rojizo imponente e incólume al tiempo, lo único que no destrozaron los terroristas que durante varios años sitiaron el lugar.
Al frente está la iglesia colonial, con los restos de un altar quemado por los subversivos, y algunas imágenes de madera muy antiguas.
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La estatua construida en homenaje a los alfareros de la zona.



• HOMBRES ILUSTRES
Aquí llegaron ilustres hombres de la historia peruana. En 1784, el obispo Baltazar Jaime Martínez de Compañón y Bujanda, arriba a la reducción de indios de Mollepata, y manda edificar una escuela para los hijos de los “indios quinteros” (libres que pagaban el quinto real, a la corona española). Los otros eran los “pongos” y trabajaron en las haciendas de los colonos.
Esta reducción fue creada por los españoles para extirpar las idolatrías, donde convergieron los pueblos de uchus, cochamarcas, antamarcas, parihuancas y los chunchos, que obligados abandonaron sus aldeas.
Su importancia la convirtió en “cabeza de doctrina del curato de las estancias del Corregimiento de Huamachuco”, para la evangelización de las poblaciones que se prolongaban hasta el Marañón.
Sus estrechos y empinados caminos llevaron al abuelo del poeta universal, César Vallejo; aquél párroco de Mollepata que aglutinó a los feligreses. Sus restos reposan en la capilla de Pallasca (Ancash), donde terminó sus servicios sacerdotales.
Simón Bolívar llegó a Mollepata con las fuerzas patriotas y fue acogido en la hacienda de la familia Rebaza. Los herederos conservan la histórica mesa donde comió el Libertador. Muchos hombres se sumaron a la causa independizadora
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Una estrecha calle del pueblo de Mollepata.



Dizque el discurso de recibimiento lo pronunció una enérgica mujer, cuya identidad es desconocida. Se especula que fue María León Rebaza (?) o María Rebaza León, convertida en una leyenda.
Desde Mollepata, Bolívar envía una carta a Sucre, en la que le da las últimas indicaciones para consolidar la independencia nacional.
En mérito a su contribución a la libertad del país, mediante Decreto Supremo, el Congreso Constituyente de Huancayo en 1839 lo reconoce como Pueblo. Y el 25 de abril de 1861 es elevado a la categoría de distrito, por mandato del Mariscal Ramón Castilla.

• RUTA SIN PAR
La visita a estos lares, utilizando cualquier vía es una aventura. Sus angostos caminos, enormes pendientes, elevaciones rocosas y la verde vegetación nos arrastran como un encanto a la cima de la felicidad.
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Parte del altar principal, adornado con sugerentes colores que todavía de conservan.



Hay dos rutas para llegar a Mollepata, una extensa y variada, con un recorrido de 14 horas, desde Trujillo a Santiago de Chuco, pasando por Cachicadán, Angasmarca, Tulpo y Mollebamba.
La segunda posibilidad se inicia en Chao, siguiendo la vía del Proyecto Chavimochic, Chuquicara, La Galgada, Sacaycacha, San Gregorio y Mollepata. Demora sólo cinco horas. Cada itinerario constituye un circuito turístico, mejor aprovechable con movilidad propia.
El distrito está en la cuenca del río Tablachaca, convergente entre las cordilleras Blanca y Negra, que conforman el Nudo de Mollepata o Pelagatos; al sur oriente está la capital de Santiago de Chuco.
Los pueblos aledaños que guardan hermosos atractivos son: Tullpo, Mollebamba, La Yeguada, Cochamarca-Puyalli, El Alto de los Olleros, Pampas, Conchucos, Pallasca y otros.
Resalta la ex casa hacienda de Tulpo, donde funcionó el obraje colonial (600 y 1700); asimismo el castillo y los restos arqueológicos de Antamarcas; el reloj solar del Combe, el cementerio preinca de Cochamarca (con fardos funerarios de adultos con niños en los brazos).
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El río Tablachaca se abre paso entre los cerros hacia el oceáno Pacífico.



El río Tablachaca, poco torrentoso, es secano, pero muy caudaloso en temporada de lluvias. A sus orillas afloran aguas termales ferruginosas, aún poco aprovechadas.

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