Memorias de un viaje

Escribe: Melitón García Guevara
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Quería descansar, tener tranquilidad conmigo mismo y para lograrlo tuve que abandonar mi lugar de trabajo el cual me prodiga satisfacción.  Era la quincena del mes de marzo del 2005 cuando ingresé a convesar con el Presidente de mi centro de labores para solicitar el permiso por quince días el cual no me fue negado y pude realizar con éxito, el deseado viaje que me sirvió para conocer nuevos lugares de nuestro querido Perú.

Entonces junto a Delia y Diego, mi esposa e hijo, enrumbamos hacia el Cusco en un vehículo de una empresa conocida me llevó con la rapidez extraordinaria, los conductores de aquel vehículo lo condujeron de una manera magistral me atrevería a decir que aquellos choferes conocían en demasía aquella accidentada carretera que a pesar de estar asfaltada en su mayoría no deja de ser un peligro para quienes transitan por ella.  Partimos de Lima a las dos de la tarde en punto, recuerdo que en la puerta de embarque subieron uno o dos pasajeros que nunca faltan osea los que esperan la útlima hora para embarcarse, mientras que los otros como Yo quisiéramos que el tiempo pase rápido y llegar a nuestro destino antes de la hora programada sin que esto signifique que apuremos al chofer ni cosa parecida.

Fue un viaje productivo y a la vez penoso por las circunstancias que mas adelante detallaré; fue feliz porque estaba junto con esposa e hijo que son las personas que amo, quiero y respeto íbamos conversando sobre como encontraríamos a los familiares a quienes íbamos a visitar de cómo estarían si en realidad nos esperaban o si se habrían ido al campo a pastear "el ganado", pero Yo optimista y gestor de aquel viaje quería que fuera una total sorpresa para mis padres políticos a quienes había dejado de ver dos años consecutivos, entonces hice hasta lo imposible para que ellos no se enteraran de nuestra llegada.

Mi esposa al contrario quería avisar para que nos esperasen para que nos ayuden a llevar nuestra carga hasta el lugar hermoso donde pernoctaríamos por 15 días -que si por mi fuera me quedaría toda la vida- pero cuando uno se acostumbra a un estilo de vida es difícil pero no imposible de cambiar.

En el transcurso del viaje el vehículo paró varias veces para que revisasen la máquina todo permanecía en perfecto estado tanto así que arribamos al Cusco a las nueve de la mañana cuando el viaje estaba programado para las once de la mañana con el vehículo en marcha Yo enseñaba a mi hijo como es que les iba a saludar a sus abuelitos y tíos que encontraríamos en Cusco, entonces le decía hijito nos vamos al Cusco y mi pequeño hijo de dos años y cuatro meses repetía "vamo a cuco", a la pregunta ¿A dónde vamos?  El respondía "a Cuco" vale decir que mi criatura recién estaba aprendiendo a balbucear sus primeras palabras, en este viaje aprendió a pronunciar claramente algunas palabras que Yo le hacia repetir no se imaginan la felicidad inmensa que sentí al escuchar la expresión de mi hijo tan efusiva fue mi alegría que en cuestión de segundos imagine a mi hijo subido en un podium dirigiéndose a un selecto grupo de personas exponiendo un tema; y como en alguna de las dedicatorias que me hicieron en un libro de historia que me obsequiaron me decían "trabajemos por nuestros hijos, por ellos son el futuro de nuestra patria y son los únicos que nos pueden salvar de una inminente catástrofe política y socialmente".  Imagine a mi hijo disertando sobre temas de cómo combatir la pobreza extrema, de llevar desarrollo a las comunidades más alejadas y de una vez por todas desterrar los discursos bonitos y la traición de los representantes de las comunidades y pueblos que ofrecen lo que no tienen y te dan lo que no necesitas.

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